15
Oct

El vendedor de suspiros

A todos nos ocurre en algún momento de nuestra vida.

¡Qué bárbara, que cursi me oigo! Parece título de novela romántica. Sin embargo casi todos en algún momento en la vida hemos suspirado cuando nos cruzamos en la calle con algún recuerdo de nuestra infancia: una muñeca, una artesanía, el olor de los churros recién hechos… Eso me ocurrió hace apenas unos días cuando transitábamos por una vía rápida, y en la intersección, sobre el camellón, vi a un hombre de piel oscura, requemada por el sol. Era un hombre de mediana edad, de atuendo algo gastando. Llevaba en cada mano una muñeca, de esas negritas típicas. De niña siempre había querido tener una de esas muñecas, pero eran muy cotizadas y eso les hacía elevar su precio. Quién iba a pensar que en nuestros tiempos modernos serían vistas con algo de desdén. Pero mi mamá que no nos quería dejar con una desilusión, le pidió a una de mis tías que nos hiciera a mi hermana y a mí una muñeca de trapo. Ella era una mujer muy hábil con sus manos y una estupenda administradora del presupuesto. Y tenía que serlo, para que alcanzara el dinero para alimentar a 10 hijos. Así que ella misma fabricaba las muñecas para sus varías hijas, incluso les hacía su guardarropa. A pesar de que por esas épocas ya estaban saliendo las muñecas Barbie, nuestras favoritas eran las preciosas muñecas de la tía Dominga.

¿Por qué le gustan tanto las muñecas a las niñas?

Saúl Juárez Chávez cita (en su tesis: juegos y juguetes mexicanos) las palabras de Johan Huzinga, Homo Ludens, 1938: “El juego y los juguetes no desaparecen con la infancia. Adquieren otros nombres y otros modos. De manera que la vida misma concebida como un juego ofrece un sentido lúdico que la espiritualiza”. Las niñas llevan por naturaleza un sentido maternal, que expresan a través del juego y los juguetes, de ahí su gusto y preferencia por las muñecas, antes que las bicicletas u otro juguete. Acompañan a las muñecas, los juegos de té y otros complementos que imitan la vida adulta. Saúl Juárez Chávez explica: “Políticos, científicos, médicos, reporteros, empresarios, todos alguna vez jugamos a imitar cualquier profesión; quizás los que hoy estén en la cima de una gran empresa probablemente recuerden que cuando eran pequeños jugaban con sus amigos a ser lo que son ahora”. Las niñas, generalmente sueñan con ser madres y esposas antes que ser profesionistas.

No dejemos morir a las negritas

Las muñecas de marca son muy lindas, nadie lo puede negar. Pero son frías he impersonales. Las negritas y también otras que no lo son, tienen ese “no sé qué” que las hace especiales. La próxima vez que las vea, no se pase de largo ni mire con desdén a quién las vende. Acérquese, conózcalas, y llévele una a alguien especial. Ese alguien se acordará de Ud. cada vez que vea la negrita, u otra muñeca, como las de la tía Dominga. ¡No las dejemos morir!